Segundo comentario crítico a Estudios sobre la histeria. O sobre no leer bien.

Como varios de mis lectores saben, en este blog, además de breves narraciones y anécdotas, he compartido ensayos y demás ejercicios de reflexión. He abierto recién un año otro espacio específicamente para reflexiones dentro de la formación psicoanalítica. Sin embargo, considerando la antigüedad del worpress presente aquí, les comparto lo último que subí en aquél lugar. Les invito a que, si es de su interés, agreguen baruchmartineztrevino.wordpress.com y pasen a visitarlo. También he de advertir que en el presente escrito, muy alejado del título por su conformación como proceso constante, hablo específicamente de la forma de leer e interrogar un texto y, como vía de ejercicio, des-decir una frase muy repetida en el ámbito del “psicoanálisis”.

Cordial saludo.

Habiendo realizado un comentario extenso y a detalle, desde un intento de perspectiva depurada en el sentido de no cargar sino con la pura interrogante {¿a quién le pertenece la interrogante? ¿por qué interrogar en determinado punto y no en otro? ¿qué enseña hacer preguntas al texto?}, me permito continuar con esta práctica.

Pongo de relieve que el texto Estudios sobre la histeria adquiere para mi un importante lugar en mi descubrimiento del psicoanálisis: fue este un libro que le perteneció a mi padre y el que leí a los 16 años, considerando en su momento la novedad y lo anhelante que se convirtió saber acerca del por qué de la vida psíquica. A esta fecha, habiendo pasado por esta lectura un par de veces más, habiendo pasado por varios espacios de “formación” psicoanalítica e interpretando mi práctica y mi propio proceso dentro de los marcos del psicoanálisis en Freud y otros {un año y medio} y otro proceso con mayor proximidad en psicoanálisis {siete años} freudiano-lacaniano {por atreverme a eliminar detalle con tal motete} he de reconocer que mi lectura podría caer en las preguntas que abre esta experiencia. Pero ¿qué de la experiencia puede volver a ser novedad al plantearse otra vez preguntas desde el vacío? ¿Es posible plantear preguntas desde el vacío?

Actualmente estoy tratando de realizar un ensayo acerca del tema el contorno, la forma, el vacío y la nada; por varias apuestas: la creación desde el vacío o el encuentro con la propia forma del cuerpo como contorno de la nada. Menciono esto porque el trabajo con la interrogante hacia el texto, ¿podría partir de un encuentro que ahueque criterio para volver a plantear pregunta como formulación hacia alguna vía? ¿la vía que se plantearía en la interrogante al texto permitiría considerar que el criterio es un espacio momentáneo de ficción en el argumento que se abrirá ante la posible respuesta de la interrogante? ¿Es entonces con esta pretensión de encuentro con la interrogante ante el texto lo que por un instante vacía lo que previamente se consideraba un asidero de entendimiento?

Sí, hay necesidad de asideros teóricos, o… más común, como prejuicios. Esos están ahí, para todos ante cualquier encuentro que ponga en tensión toda una tradición institucional de existencia comunitaria; pero, ¿nos permiten hacer una marca a nuestra convivencia cotidiana? ¿No está la interrogante a la vez empujada por cierta inconformidad con lo dispuesto en las prácticas diarias de repetición en lo que asumimos como entendimiento?

Sé que estas preguntas no son para responderlas en lo que aquí voy a compartir, quizá sólo me pregunto cuál es el lugar desde donde me atrevo a hacer preguntas a los textos, y la verdad es que no lo sé. No sé desde qué lugar sino desde una cualidad, dentro de mis propios asideros, que he dado cuenta de que la no existencia de lo estático en lo que empuja mi desear me permite saber que a algún lugar llegaré. Y ese lugar, creo, no es más que la constante marca que deja lo que he estado escribiendo en mi formación como psicoanalista. Al final, sí, si creo en la pregunta, creo en que algo falta, faltará y que en ese hueco, si tomo algo del contorno del signo de interrogación, quizá podré continuar rodeando este descubrimiento freudiano llamado inconsciente.

“En la comunicación preliminar informamos ya que mientras investigábamos la etiología de síntomas histéricos obtuvimos también un método terapéutico al que le adjudicamos valor práctico. “Descubrimos, en efecto, al comienzo para nuestra máxima sorpresa, que los síntomas histéricos singulares desaparecían enseguida sin retornar cuando se conseguía despertar con plena luminosidad el recuerdo del proceso ocasionador, covocando al mismo tiempo el afecto acompañante, y cuando luego el enfermo describía ese proceso de manera más detallada posible y expresaba en palabras el afecto”.”

Que el propio Freud vuelva, aquí –y como será la constante– sobre sus propios pasos será una de las principales indicaciones en el psicoanálisis: recurrir permanentemente a lo que hace interrogar la propia praxis.

Investigar, como primer punto, la etiología de síntomas histéricos. Hay que tener en cuenta, entonces, que se procede a partir del síntoma en este texto, esto llevará a descubrir el modo en que “nuestro método terapéutico producía sus efectos”. De la investigación etiológica al método terapéutico.

Freud plantea sus modificaciones técnicas con el paso de la constante práctica:

“tropecé con dos dificultades, persiguiendo las cuales di en modificar tanto la técnica como la concepción.” Será importante volver a rastrear qué fue lo que provocó y cómo fue que hubo esta vuelta a la elaboración de la técnica y de la teoría.

Antes de continuar, justo ahora recuerdo algo que de continuo se dice, y en general se dice sin una fidelidad al texto {considerando que la fidelidad al texto permite, en ocasiones como en esta, detallar lo que se lee y cómo se entiende, por eso, pasa más si uno vuelve a leer}: dicen algo así como “Hasta que una paciente le dijo a Freud ‘¡Cállese y déjeme hablar!’”, lo cual, en ningún momento sucede, al menos en lo registrado en las obras publicadas. Supongo remiten más bien a una referencia modificada, porque en algo sí hay coincidencia, hablan deEstudios sobre la histeria. El contexto de esta supuesta mención es, por decirlo así, la creación del proceder psicoterapéutico en busca del recuerdo patógeno; me permito citar por extenso con los comentarios pertinentes, procedo de varios puntos: Freud interrumpe, Freud sugiere-ordena, Freud yerra, Freud da con un resto…

A la siguiente referencia le antecede el relato de Emmy von N. donde habla de la muerte del marido, donde Freud le pide que relate esa vivencia con todo detalle “lo cual hace con los signos del más profundo sobrecogimiento, pero sin chasquidos ni tartamudeo1”.

Una vez que emprende la descripción:

“En este punto la interrumpo [no hay forma de entender esto de otra manera, no dice, por ejemplo, “intervengo”, “me inquieta”, “pregunto”, “contribuyo…” o cualquier cosa parecida: dice “la interrumpo”], le señalo que esa misma niña[su hija]es hoy normal y está hermosa, y le quito la posibilidad de volver a ver todas esas tristes cosas, pues no sólo le borro el recuerdo plástico, sino que le revoco la reminiscencia entera de su memoria, como si nada de eso hubiera sucedido.” [Hay pues ordenamiento en forma de “le señalo”, “le quito la posibilidad” “le borro” “le revoco”].

Después de esta interrupción y señalamientos Emmy habla de otra cosa, ¿por qué lo hizo? A Freud parece que no le permite esta otra narración ir al encuentro de lo que él previamente ya está buscando: el recuerdo patógeno. Vuelvo a citar en extenso:

“Para mi sorpresa, inmediatamente después de esta sugestión mía empieza a hablar del príncipe L., cuya evasión de un manicomio era muy comentada por entonces; saca a relucir nuevas representaciones de angustia sobre manicomios, que allí tratan a la gente con duchas heladas sobre la cabeza, las sientan en un aparato y les hacen dar vueltas hasta que se calman. [¿Qué lugar adquiere estas representaciones, si acaso las coloca como delirios, como información, como falsedad, como insustancial?] Tres días antes, cuando empezó a quejarse de su miedo al manicomio, yo la había interrumpido tras su primer relato de que allí a los enfermos los ataban a unos asientos. Noto [Es decir: le hago notar a ella] que así no consigo nada, que no puedo ahorrarme el escucharla en cada punto hasta el final [hay un tipo de corte a la narración con señalamiento de la escucha: el no poder ahorrar es decir que necesita hacer otro uso del tiempo en la narración hacia otros intereses, los de Freud, por supuesto –Es importante señalar la posibilidad práctica que habrá de adquirir esta práctica de corte {en el sentido también de encausamiento} en el transcurso del desarrollo del método psicoanalítico, por lo pronto aquí está fijado en función de la busca del recuerdo patógeno]. Retomado y reparado esto, le remuevo también las nuevas imágenes terroríficas, apelo a sus luces, [es decir, a su razonamiento] y aduzco que puede creerme más a mí [Se entiende que la práctica del médico es una práctica con autoridad y… vaya, ahí están los textos acerca de la sugestión y de la hipnosis…] que a la tonta muchacha que le contó esas horripilantes historias sobre los métodos usados en los manicomios.”

Aparece un tartamudeo {un padecer que ya había sido señalado páginas atrás} seguido a este señalamiento de Freud:

“noto que en ocasiones tartamudea un poco, le pregunto de nuevo de dónde le viene el tartamudeo. No hay respuesta. [Esto no puede significar más que volver a preguntar:] ‘¿No lo sabe usted?’. – ‘No’. – ‘¿Y por qué no?’. – ‘¿Por qué? ¡Porque no lo tengo permitido!’ {lo dice con violencia y enojo} [¿A qué responde “porque no lo tengo permitido”? ¿Será a la previa señalización de Freud donde no puede ahorrarse escuchar aquello hasta el final? Hay una nota al pie que ya va señalando aquella mención a la frase común en el ámbito “psicoanalítico”]. Creo ver en esta manifestación un éxito de mi sugestión, pero ella exterioriza el pedido de ser despertada de la hipnosis, a la cual yo condesciendo.” [La nota al pie dice lo siguiente, donde hay entonces un revés a esta manifestación del “éxito de mi sugestión”:]

Nota al pie número 21:

“Sólo al día siguiente entendí esta pequeña escena. [entiéndase la escena donde ella expresa:¿Por qué? ¡Porque no lo tengo permitido!”] A su naturaleza rebelde, que así en la vigilia como en el sueño artificial se soliviantaba[Soliviantar, según el Diccionario de la Lengua Española, es: Mover el ánimo de alguien para inducirle a adoptar alguna actitud rebelde u hostil; inquietar o alterar a alguien] contra toda compulsión, le había provocado rabia el hecho de que yo diera por acabado su relato y la interrumpiera mediante mi sugestión terminante. Tengo muchas otras pruebas de que ella, en su conciencia hipnótica, vigilaba mi trabajo [Esto, como punto a desarrollar acerca del lugar bifrontal de la mirada; de cada una de las presentadas como histéricas hacia Freud y de Freud hacia cada una de ellas presentadas como histéricas; ¿qué genera saberse o asegurar estar bajo la vigilancia –necesariamente recurre al ojo y la mirada–, en este caso de Emmy von N? Recordará el lector que es insistente la descripción física de los rasgos, por decirlo así “fisiognómicos”, que Freud despliega en sus casos…]. Probablemente quería reprocharme que hoy la perturbara en su relato como antes lo hice con los horrores de los manicomios, pero, no atreviéndose a ello, presentó ese complemento {sobre estos últimos}, en apariencia sin relación alguna, no dejando traslucir la ilación de pensamiento conectora. Al día siguiente, una recriminación de ella me puso en claro sobre mi yerro.”

Y bien, al menos aquí podemos tener en cuenta la insistencia de preguntas y de interrupciones; Freud pudo bien no escribir esta significación como yerro –se entiende: la nota al pie nos permite dar cuenta de esta retroacción de su proceder. Pero, ¿se dijo “cállese y déjeme hablar”? No, y esto es interesante, porque se pierde, al menos aquí, este primer punto de qué es lo que le recrimina; voy pues a lo siguiente del texto de Estudios.

Después de que Emmy comparte sueños de cosas terroríficas y lo que Freud estima como “pasa sin transición a otros delirios” sin una clara diferenciación entre uno y otros, Freud da cuenta de “Noto que mi prohibición [a que se repitan tales] general ha sido infructuosa, y que debo quitarle esas impresiones angustiantes una por una” vuelve al punto corporal del dolor en el estómago:

“Por algún camino doy en preguntarle por qué ha tenido dolores de estómago, y de dónde provienen [Se entiende que son dos preguntas, seguido de una posible consideración de causalidad, quizá presentada como hipótesis, pero ¿hasta dónde una hipótesis ya no lo es más cuando se asevera como vía de respuesta ante tales preguntas?]. Yo creo que en ella los dolores de estómago acompañan a cada ataque de zoopsia [Tener en cuenta esta relación de alucinación visual de animales con lo “orgánico”]. Su respuesta, bastante renuente, fue que no lo sabe. Le doy plazo hasta mañana para recordarlo [Lo sabemos, el lugar de médico que Freud encausa está en “total” coordinación con el proceso médico en ese siglo, en ese contexto, pero lo interesante son los reveses que realiza tanto a su proceder como al conjunto de las aproximaciones médicas hacia fenómenos histéricos; eso no quita esta autoridad que asume al dar plazos para recordar] [Ahora, es en la siguiente parte donde se confunde lo que se lee con lo que, por no volver a leer, se asume como lo que se cree que se leyó y que queda, curiosamente, como un manto de seguridad ante el entendimiento de una práctica de relato de lo que se dijo que dijo. En otras palabras: leer es productivo:] Y hete aquí que me dice, con expresión de descontento, que no debo estarle preguntando siempre de dónde viene esto y estotro, sino dejarla contar lo que tiene para decirme.”

Primera impresión general para todos nosotros lectores. Esa, la frase. Lo más cercano es: “dejarla contar”. Si, pero ¿de qué práctica procede, de qué enseñanza se desprende? Porque al olvidar la enseñanza que aquí muestra en el “yerro” olvidamos entonces, tanto leer como considerar la práctica del psicoanálisis; lo es: quienes cortan los palos y las vergas para desprender velas y usarlas como mantos de frases ya no navegan en la inquietud por de saber sobre lo inconsciente.

No sólo esta práctica de leer trae como resultado considerar la insistencia de la pregunta y la interrupción, sino que se consideraba un “creer” del por qué de los fenómenos histéricos y, en este sentido: ¿qué créemos con nuestras preguntas sin escucha? Aseveraciones fuera del texto de la narración de quien estamos a la escucha. Tanto así el tomar nota Freud del yerro que resulta aquí un resto de identifica “Yo convengo en ello, y prosigue sin preámbulos: ‘Cómo ellos lo sacaron, y yo no he podido creer que está muerto’. (Vuelve, pues, a hablar de su marido, y ahora discierno como fundamento de su desazón que ha estado sufriendo bajo el resto, retenido, de esa historia.).”

Tener en cuenta la posibilidad de volver a aproximarnos a ciertos lugares comunes pudiera, como intento hacerlo, volver al pie de la ignorancia para descubrir vías de escucha y lectura. Sea lo que sea el resultado, es un ejercicio placentero.

1Considérese las páginas ochenta y dos en delante del volumen II de las Obras Completas en la editorial Amorrortu.

Escribir “tilde”

Hoy escribiré como creo {que sé} que sí se podría leer el mensaje. Porque las veces que se me desdoblan los dedos al rayar el blanco que deja tu recuerdo es que no entiendo de comas y puntos. Pero por esta ocasión: lo intentaré. Y puedes decirme, siempre sabes que en mi escucha y mis gestos cuando escuche tus palabras, encontraré respuestas a posteriori. Respuestas que se convierten nuevamente en preguntas: ¿qué me quisiste decir querida amiga? Que quizá no hay muchas canciones en mis letras que diseñan su propia estadía en tu mirada cuando lees en voz alta estas palabras. Tu recuerdas mi voz, sabes que puedes leerla con tu voz desde el recuerdo de mi voz en tu cuerpo o desde mi voz como recuerdo de que acá, en este lado de lo que pasó, en este pasado que ahora para ti es el presente de mi voz que estoy aquí para dejarte sonreír que no sabes qué estoy diciendo, sino el intento de darte mi presencia…

Y escribir “bien”. Enséñame cómo es que tengo que escribir porque mi idioma no le pertenece a nadie sabiendo que estoy aquí, escribiendo para decirte, como aquella noche, cuando acaricié tu cabello y nos abrazamos cerca: te quiero y quiero que sepas que lo que siento por ti no es algo que me empuje por mi cuerpo desentendido por tu brillo de hacer cosas buenas para la vida; sino porque haces cosas buenas para la vida es que tu sonrisa es un movimiento que busca fotosíntesis donde sabes que el sol brilla: estética es eso, es saber que la vida en un gesto resplandece en poética como creación de otros mundos. Y aprendo, intento aprender porque jamás me he sentido tan en el lugar del silencio sino cuando cantos de tu vida se caen como torrencial para el árido terreno de las nostalgias por volver a mirar a la vida embravecida por llorarle a los futuros que nos aguarden un bello lugar. Pero lo sabes bella, lo sabes que el lugar que me asienta en el silencio de esos futuros se hacen en el silencio de eso que palpita a pesar o por infortunio de necesidades políticas: ¿dónde queda el deseo que es político porque es lo más subversivo a cualquier pretensión de arrojo hacia un deber-ser-activista? Si hay silencio y suspensión de juicio, quizá aquí exista algo que en sí es la política del deseo. Y sabes que no lo confundes, porque esto no se muestra en ningún horizonte político ni en ningún aparador: ¿dónde sino en la constante mutación de la ética del deseo?

Así, si soy silencio para escucharte es porque tu sonrisa y tu voz y tus manos son esto que soy para saber que, si hay un espacio donde podamos sonreír y saber algo acerca ocaso del deseo es cuando miremos compartida el horizonte de nuestra calma uno al lado del otro.

O quizá no. Y no pasa más que saber que tu existencia me permite intentar escribir bien, para mí, porque así sé que hay puntos y comas que tengo que colocar en las pasiones que me ahondan en tu ausencia: estás aquí, quizá como coma, como punto, o como tilde que acentúa tu recuerdo.

el sol y el pétalo

cayó el sol en mi ventana para marchitar toda las flores que aún respiraban su muerte y no me vengan con que no les regale flores porque están muertas si no saben ni cuidar un potos eterno ni un cactus ni un estornudo ni un pelo de gato en el pantalón que dejaron que se volviera un signo de todo lo que habla antes que ustedes puedan respirar

cayó el sol en mi ventana y ¿saben a dónde se llevan los colores los rayos que son tus ojos en mi recuerdo cuando miro que la muerte no es la flor cortada sino la eternidad de esta repetición de mirar el sol caer en el color del pétalo que se diluye en mi toda memoria que no me pertenece en la que vuelves a aparecer por una breve sonrisa?

no me digas que las flores están muertas porque mi mirada se desentiende de la educación de tus palabras para saber que no sabes vivir la muerte que trasluce los morados amarillos y verdes que perduran aquí que soy frágil movimiento de persistencia para sostenerme en mis lazos a tu encuentro de mirada

mírame que soy mirada que no pierde aquí el lugar donde orificio me convierto en tu borde para que me señales que ahí caigo al abismarme en el negro donde profundo soy porque no tengo color donde todo es color de deseo si deseo que desde entonces no soy de eso y deseo que el color caiga en tu ojo para no bordear sino la intermitencia de mi repetición cada que el sol cae en el pétalo que deshace en color hacia el olvido

{olvido olvido olvido que perdura porque miro la flor que no muere si tu crees que tus palabras únicas y que limpian tu boca son lo que crees que te hacen ser si no tienes ni sonrisa ni felicidad en tu odio que expulsas como nada que no sea ni color ni calor ni olvido sino permanente en tu putrefacto hedor de sostén de la muerte creyendo que las flores son muerte y pierdes porque perdiste como pierdes palabra y signo eres de nada para nadie que hace nada con tu nada que no eres más que nada que se cae y rueda hacia el olvido de la cloaca donde ahí no hay color sino reflejos de todos tus signos para ese otro que ahí guardaste todas tus palabras para dejarlas en el retrete como las heces más grandes que pude haber encontrado en mi vida por tu cobardía a decir y granos granos granos}

así te pruebas que la vida vuelve vuelve vuelve cada que miras esa permanencia de la muerte que te hace vida por colores que perduran y soles que lo alumbran y olvidos que se vuelven fantasías de lugares a dónde habrán llegado ese color que el sol desprende del pétalo del recuerdo cuando miro tu foto y tu sonrisa es tu voz que ahí en esa parte de mi cuerpo que se hace recuerdo le hace una incisión donde la vida es esa alegría por vivir hacia un mundo mejor cuéntame por favor flor de belén que quisiera ser un sol que sabe de la muerte porque alumbra es que me siguen las hojas de las vidas para hacerlas de mis colores otras vidas hacia otras vidas de vidas que saben de su muerte sin saberse difuntas ni perdidas ni olvidadas

porque vida de flor que el sol alumbra sabe de que quizá los colores queden ahí en óleos donde tu foto me hace sonreír en permanente repetición de lo que has dejado como color que se desprende y cae en mis rayos para llevarlos a mi almohada y respirar tranquilo que la muerte que vive una vida es mi herida que soy por donde respiro nada que no sea la vida que me cierra dolor para vivirme ahí saliendo en otra cosa que culpa

son paréntesis los que se olvidan porque se escriben que cierran y se encierran y has de cuenta que no los escribí y entonces si los escribo es para desescribirlos de mi memoria que cuerpo no le pertenece y memoria es esto que es técnica de olvido para decirte que el sol soy yo y la desinencia es lo que desprende hacia el espacio de miradas de paz que tu bella calma nos entrega el sol que cálido alumbra que la vida en la muerte es el color que deja al rastro de nuestras miradas bella flor de b